30 monedas de plata

October 5, 2009

Otra “otra historia de amor”

Jueves.

¿Cómo te encuentras, mujer excepcional?
Te escribo estas líneas con celeridad ya que mi señor padre ha prescindido unos instantes de su ordenador portátil, habiéndoselo traído a este nuestro lugar de ocio y solaz en la murciana región de La Manga para proseguir con sus menesteres laborales y no separándose de él con su ahínco característico. No puedo relatarte mucho, pues no hace mucho que llegamos, esta mañana, sólo que hace un calor extremo y que mi progenitora se encuentra a disgusto, dado que no es de su agrado la playa y siempre permanece solitaria en el hogar, o no, antes bien permanece cuidando de mi hermano menor, el cual ha arribado un tanto indispuesto, como afectado de diarreas o algo similar. Me he acercado a la playa momentos después de llegar, ya que en el aseo no funciona el riego y ha sido preciso que viniera la persona que se ocupa de esos menesteres y que ha dicho que el motivo de la avería es su poco funcionamiento (deberías haberlo visto, el hombre se atusa el cabello con exceso de grasa sobre la frente y huele a licor de anís), y mientras que mis familiares se han quedado con el operario se ha producido mi salida antes mencionada, precedida por un “me marcho”, acercándome a la playa para tratar de broncearme, lo cual ha resultado sumamente aburrido, dado que sólo he podido encontrar personas muy adultas y no a gente de mi misma edad o similar. Espero que al anochecer mi padre me permita allegarme al Zoco, pues siempre incide en mi escasa edad y me señala que no es un lugar para mí (a lo que me gustaría responderle que ya poseo cierta edad como para manejármelas yo sola y que ahora mismo me hallo en estado ocioso, tras la finalización de los trimestres escolares, subrayando todo esto con alguna expresión de júbilo y euforia).
Dicho esto, querida amiga, te emplazo a la correspondencia de mañana para seguir relatándote mis vivencias vacacionales y me despido de ti, enviándote tres besos fuertes y gestos de alegría y confraternización.


Viernes.

Hola de nuevo, espero tus contestaciones.
Yo me hallo en la playa, lo cual quizá te produzca una envidia sana, dado que tú te encuentras en la ciudad y seguramente tu estado de ánimo esté invadido por el aburrimiento. ¿No es así? Yo, mientras tanto, estoy en la arena fina de la playa (la comparación de nuestros estados me produce cierta sorna, sin querer ofender). Pero no es oro todo lo que reluce, pues ayer estuve disfrutando del ocio nocturno y no pude hacerlo sino hasta las once, hora muy temprana, desde luego, como tú misma puedes juzgar, con el añadido de que mi padre se acercó a recogerme por el sólo motivo, conjeturo, de que mi madre se encuentra enojada por las averías que te referí en la anterior misiva y alivia su frustración con él. Me gustaría permanecer ajena a sus conductas. Para más inri, fuimos a dar un paseo todos en familia y sentí cierta vergüenza de que estuviéramos los cuatro juntos en aquel paseo marítimo, como si se tratase de una festividad conmemorativa de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo: mi hermano, indispuesto, regurgitando de manera excesiva, mi madre, con la pretensión de regresar al hogar, mi padre, negándose a ello, el resto de la gente que allí se encontraba, observándonos, y yo, presa del pudor y la vergüenza, a lo cual se suma, además, que yo, que me mantengo fuera de todo ello, ajena a sus reyertas, fui objeto de reprimenda por parte de mi madre, que me decía que era preciso que aprovechara el tiempo en cultivar mi espíritu con vistas a las pruebas académicas, a lo que yo replicaba que me encuentro ociosa, que si no quiere que me distraiga festivamente pues no lo haría, mas ello no ocurrió, sino que al final pude disfrutar con algunos amigos alojados allí de unos tónicos espirituosos en la vía pública. He de referirte que apareció alguien a quien yo no conocía, con nombre bien extraño, como Damián o Fabián, y de procedencia, seguramente, argentina, el cual era bastante agradable y conversaba de un modo un tanto chocante, si bien llevaba un perfume un tanto afeminado. Cambiando de tema, te diré que dentro de un rato ha dicho mi padre que iremos a comer a un restaurante, mientras mi madre me decía que debía llamar al operario para que arreglara la ducha, que se encuentra en un estado deplorable, y yo le he contestado que quizá podría utilizar la ducha pública que se halla en la piscina, pero la idea no le ha convencido y ha reclamado mi silencio, lo cual es una muestra de su cerrazón y me sume en un hastío tal que me hace plantearme la posibilidad de volver a realizar un viaje con mis progenitores (tú me entenderás). Dadas estas circunstancias, hoy pienso demorarme en mi regreso a casa, lo cual lo ha comunicado ya a mi padre de un modo firme y conciso, como puedes suponer, aunque el muy desdichado no tiene opción de réplica, dado que ni siquiera en el litoral es capaz de librarse de la menesterosidad laboral. Espero volver a ver al rioplatense y poder contarte los pormenores otro día. Ciertamente, se nota la agitación de la noche a estas horas, aunque haya una ingente cantidad de personas muy adultas, tanta, que en cierto modo produce una nausea relativa el remojarse en el agua de la playa, dicho sea con carácter cómico, claro está.


Sábado.

Hola, meretriz, te escribo unas líneas, que el aburrimiento me domina.
Ayer, al final, no sucedió nada reseñable, sólo anduve un tiempo con mis amigos de este lugar, pero no compareció el ansiado argentino, y mi padre, pese a ser viernes, acudió a recogerme a hora temprana de nuevo, las once, y para colmo me amonestó severamente, que he de confesarte que me hallaba levemente embriagada, pero aún así me pareció excesiva su reacción, con sus admoniciones de que no regurgitara en el automóvil; sin duda, el mundo se está volviendo loco. La razón de ello estriba en que mi madre se dirigió al vecino, de manera subrepticia, para pedirle si podía usar su aseo dada la inutilidad del nuestro, cosa que debía haberte referido antes pero los estragos de los excesos del día anterior me impiden discurrir bien y me causan la impresión de que haya desarrollado alguna enfermedad mental, y es que el operario del baño continua sin aparecer, de modo que mi madre se encuentra muy enojada dado que, como ella dice, no soporta más el no poder realizar las abluciones pertinentes, pero mi padre, con un talante más bien indiferente, le replica que el sujeto advendrá en algún momento, cuando, ciertamente, no ha cejado de reclamarle desde que vinimos al muy malandrín, y el operario sólo se presentó el primer día, seguramente porque, al ser fin de semana, todo el mundo goza del descanso que también se permitió nuestro Señor durante la semana de la Creación. Al menos, este es el argumento que sostiene mi padre ante su señora y madre mía, y ella replica con la exigencia de que regresemos a nuestro residencia habitual, insistentemente, mas mi padre se niega a cumplir semejante imperativo, ni siquiera al insistir mi madre y remarcar la condición insana de su otro hijo, esto es, mi hermano menor, y el estado precario en que nos encontramos al no gozar de la posibilidad de ducharnos, en definitiva, creo que podrás hacerte una visión de conjunto de la escena, un enfrentamiento dialéctico indefinido, hasta que, en un arrebato, mi madre ha realizado la antes mencionada visita al vecino, conversando con él acerca de nuestra carencia de riego, pidiéndole permiso para usar el suyo y haciendo hincapié en las condiciones tenebrosas de la existencia (ante lo cual no puedo reprimir una sonrisa), todo ello proclamándolo a los cuatro vientos, con la puerta de nuestro apartamento abierta y, como es natural, con mi progenitor participando de auditorio desde el salón, circunstancia que, sin duda, era contemplada por mi madre en los parámetros de su conducta y que provocaba en mi padre insinuaciones de un posterior castigo, y, a todo esto, nuestro prójimo, absolutamente estupefacto por el comportamiento de esa mujer con voz estridente, que ha asentido a la petición, de suerte que incluso su mujer, la del vecino, ha comparecido (portaba unos pendientes demasiado extensos y no muy de mi gusto, que parecían hechos de metal de ínfima calidad), de suerte que mi padre ha tenido que acudir al rellano para pedir a mi madre que regresara a nuestro apartamento, a lo que ella se ha negado, puesto que, habiéndole ya causado molestias al vecino, no quería que fueran en balde, y ello ha motivado que el susodicho vecino manifestara su indiferencia ante el asunto y entornara aún más la puerta de su hogar, lo cual ha creado una situación graciosa a la par que gravosa, pues mi padre se ha encolerizado y mi hermano menor, presa de una necesidad fisiológica urgente, se he introducido rápidamente en la casa ajena, sin ningún tipo de petición expresa al respecto, lo cual revela su carácter intrépido que me lleva muchas veces a la hilaridad, como en este momento. Para ir concluyendo, te contaré que al final mi madre ha regresado a nuestro hogar y entonces se ha iniciado en el salón una reyerta semejante al concilio en el que se decidiera la trinidad de Nuestro Señor, de la cual he conseguido evadirme escabulléndome hacia la piscina, dejando pasar el tiempo por ver si él fuera capaz de hacerles regresar la cordura a mis progenitores, y de hecho, parece que así ha sido, lo cual sea dicho con sorna, dado que ahora tal paz me hastía. Sin embargo, para esta noche me ha comunicado mi padre que se me permitirá permanecer hasta la una, hora aproximada, lo más probable que porque desee departir con mi madre o algo similar, lo cual ya te lo referiré más adelante, mujer flatulenta.
Mándote tres besos.

(…)

May 22, 2009

Los dulces funcionarios

I

Los dulces funcionarios juguetean con las palabras
como si fuesen hormiguitas
con paciencia
con tesón
con lírica
modulan su voz
ovalan los labios
y dicen “oh”
y quedan admirados
aplauden y rien con muecas de hiena
“denegar” dicen luego
y todos se miran complacidos
como quien observa trucos de magia
muchos de ellos
ignoran los significados
pero se extasían ante los moldes fonéticos
en que se insertan
sus sombras les miran
y les reprueban paternalmente
pero ellos siguen jugando
félices
al juego de la pronunciación
hasta que se acaba su recreo
y vuelven pataleando a su puesto
y lloran inconsolables
mientras clasifican y ordenan
sentencias de pena de muerte

II

Los dulces funcionarios navegan cada día
un oceano de papeles
de pausas para fumar
de turnos de ventanilla
de cafés con leche y porras
como el cadáver que ve crecer
una miriada de gusanos
que van devorando su carne
y sus organos
y sus músculos
y sus calcetines
y sus tendones
y todas aquellas cosas que le hacían humano
sublimándole
ascendiéndole
tornándole ángel
o demonio
o espíritu
o esqueleto
y él rie y les aplaude
y los ve crecer y multiplicarse
y ve que eso es bueno

III

Los dulces funcionarios dormitan felices
al caer la tarde
tras de las compras necesarias
y algún que otro caprichito
que sin duda se merecen
se desperezan mientras abren el periódico
y leen sobre bombas nucleares
duelos a pistola al amanecer
o brotes democráticos espontáneos
meriendan té y mortadela
y repasan la suciedad de sus uñas
acumulada tras infinitas jornadas laborales
negra
oscura
escura
obscura
como la noche que se avecina
y que no presienten
en su dulce dormitar vital
del que a veces
alguno
en algún sitio
ya nunca más se despierta

March 29, 2009

LA BALADA DE JOHN WAYNE

Filed under: Lírica módica — Tags: , , , , , — Fanegas @ 6:34 pm

En un resquicio del Gran Cañón puede aún adivinarse
la morada del mítico John Wayne, donde trama los destinos
de los hombres, para regocijo de sus fans incondicionales.

John Wayne prepara su propio pan integral
con cerillas usadas y el barro de sus suelas.

John Wayne nunca cocina, tiene esclavas indias
que le atienden con rigor, amor y cierto desdén que le excita.

John Wayne paga a prostitutas para que laven
sus mugrientos calzones sempiternos, toda vez que él
ha de zurcir su viejo sombrero, agujereado por alguna flecha
(el azar no quiso para él más que el silbido, el aviso,
no la hendidura ni la sangre).

John Wayne nunca enseña su pene fláccido al mundo,
porque es pudoroso, recatado, burgués,
y desprecia a homosexuales y a madres solteras.

John Wayne reza a Dios aputando con su pistola
a un crucifijo que le regalaron el día de su primera comunión.

Dime tú, John Wayne querido, ¿por qué ya no cabalgas
para desvirgar nuestros corazones con tus épicas?
¿Por qué te empeñas en ceñir tu frente, apretar tus labios
y liarte cientos de cigarrillos con las hierbas secas del campo?

<<No soy yo quien decide la carga que he de soportar:
mis diarreas etílicas y mis sobredosis de heroina
son señales directas del Ser Supremo>>.

Y John Wayne se retira a su cubil, donde moran
dulces ninfas que le agasajan con uvas cubiertas de moscas.

February 10, 2009

Comité de Investigación

Filed under: La mascarada — Tags: , , , , , — La Mascara @ 8:38 am

“De ello [del apeiron] les viene el nacimiento a las cosas existentes y en ello se convierten, al perecer, según la necesidad, pues se pagan mutuamente pena y retribución por su injusticia según la disposición del tiempo.”
Simplicio, Fís. DK 12 A 9 [Fragmento de Anaximandro]

El tiempo es nuestro huracán sin riendas. A las 7:30 pm se nos ha muerto el padre del señor X (que era a su vez el marido de la señora Y, y padre del señorito Z), tratamos en vano de domeñar la intempestiva sacudida del sujeto afectado, pero el viento (decimos “viento” por llamarlo de alguna forma) era demasiado fuerte. Resultado: lágrimas a corto plazo, a largo plazo una época de nostalgia.

Hemos tratado de todas las maneras de apresar cada veta, cada impulso, que del tiempo se emanaba. Pero siempre se nos ha escapado, unas veces se nos adelantaba, otras nos esquivaba astutamente. El teorema de Sömer–Roschnick no sirve, hemos puesto a la sección teórica a investigar apresuradamente. No podemos perder ni un segundo, porque a cada momento se nos sitúa a más distancia. Tras un desesperante periodo de espera nos han propuesto nuevas teorías suplentes que cotejar (como la del tiempo-ramillete de flores, que postula una abertura progresiva, de índice indeterminado, hasta un final espontáneo en que todo volvería a un comienzo simple, y así ad infinitum) pero todas han resultado, a nivel práctico, un fracaso. Resultado de esos fracasos: leve agitación del suelo en una isla meridional de Japón, siete ahogados en el naufragio de un barco pesquero en el océano Atlántico, inesperado golpe de suerte de un jugador de cartas (el señor A) en un bar de Manchester. No hemos podido evitar mirarnos con pesadumbre ante las tentativas fallidas pero nuestra condición nos impide detener nuestro trabajo durante mucho tiempo.


Por supuesto, nuestro rigor científico nos ha impedido descartar ninguna teoría pasada, por extravagante que fuera: tiempo-tortuga, tiempo-espacio, tiempo-ciclo, tiempo-dios… Ninguna ha tenido efectos positivos para nuestros propósitos prácticos. Ahora miramos con decepción las viejas hojas con los teoremas más avanzados, lentamente nos dejamos llevar por la tristeza y por la inutilidad.
Aplicamos diversas fórmulas basadas en fenómenos de apariencia caótica en el reino físico, incluso modelos de conducta sociológicos, pero todo fue inútil.
Sin embargo, pese a nuestro abatimiento, la sección teórica no ha dejado de trabajar, ha llegado una nueva partida de modelos explicativos. Una de ellas ha parecido funcionar, hasta que una luxación en un hombro del señor B en Chile nos ha obligado a descartarla. Otra ha respondido perfectamente prediciendo la trayectoria del humo de un cigarrillo en una cafetería de Luxemburgo (ciudad). Pero no sirve tampoco, el curso del Sena ha venido a refutarla. De nuevo nos sentimos bastante impotentes. Ahora una palabra mal pronunciada en Berlín ha ocasionado una trifulca gramatical inesperada e impredecible entre el señor C y el señor D. Otro fracaso, nos tememos.

Tanto trabajo que hemos realizado para esto. En esta hora triste y melancólica (esa tristeza y melancolía que sólo puede proporcionar el sentimiento de inutilidad), no sabemos más de la disposición del tiempo que lo que supiera Anaximandro en su conocido fragmento. Incluso suponemos que este fuego que comienza a llenar de humo nuestra sala de investigación, ocasionado por el incalculado cortocircuito de la máquina de la esquina izquierda, suponemos que todas estas toses, que este griterío nuestro frente a la imposibilidad de salir de la sala, suponemos que este nuevo fracaso quizás tenga algo que ver con aquello que dijera aquel milesio acerca de la pena y retribución, que todo esto no sea más que una venganza por nuestra injusticia de ese huracán al que intentamos inútilmente apresar con unas toscas riendas…

(cuadros de Kandinsky)

February 4, 2009

El reciénllegado

Filed under: La mascarada — Tags: , , , , , , , — La Mascara @ 1:38 am

El viento, con sus duros empaques, le golpeaba el rostro desguarecido. El resto de su cuerpo estaba tapado suficientemente por unas ropas y una manta que había conseguido antes de entrar en la Ciudad. Le habían prevenido de ese frío que ahora luchaba por vencerle, por retrasarle en su viaje. Como fuera que ya comenzaba anochecer, se acercó a un grupo de casas para intentar hacer noche en ellas. Las dos primeras a las que llamó no le contestaron: parecían estar abandonadas o tal vez sus dueños simplemente no abrieran a nadie. La tercera, sin embargo, respondió a sus llamadas con un crujido de la puerta, un chirrido de las bisagras que hacía pensar que hacía años que no era abierta.

Un hombre viejo, con facciones de ratón y envuelto con una amplia manta, asomó la cabeza, mirándole de arriba abajo. <<¿Quién es?>>, dijo, hoscamente, <<¿qué quiere?>>. <<Acabo de llegar a la Ciudad, no tengo alojamiento>>. <<Entiendo>>, dijo el viejo, <<supongo que querrá pasar>>. <<Sí>>. El viejo se encogió de hombros: <<Está bien, ¿por qué no? Pero le aviso: no tengo nada que se pueda robar. Supongo que usted lo supondrá… en caso contrario nunca le habría abierto la puerta>>. Y le invitó a pasar. Le llevó a la estancia principal y él pudo fijarse en que el viejo andaba, tosiendo,  con paso débil, casi agarrotado. La sala era amplia y estaba profusamente decorada, aunque no había nada de valor. En efecto, los objetos estaban dispuestos de tal manera que embellecían, pero ninguno de ellos por sí mismo tenía valor. El viejo se sentó en un sillón que había, cercano a la inmensa chimenea que adornaba el fondo de la estancia. Allí se acurrucó con la manta, fijó sus ojos en su “invitado” y dijo <<Siéntese>> en tono de orden. Él se sentó y miró a su vez al viejo. <<Usted se preguntará por qué he sabido que quería pasar. Me han avisado. Cada día, después de comer, viene mi sobrino, o al menos eso dice, y me cuenta ciertas cosas que ocurren. Se coloca debajo de la ventana, yo la abro y le escucho. Nunca le he visto el rostro, no sé si es realmente o no mi sobrino, pero da igual: él me informa. Me contó hace poco que llega cada vez más gente a la ciudad, que no hay alojamientos. Como comprenderá, era previsible, a partir de esta información, imaginar que, llegado ya el Frío, los Reciénllegados pidieran a los Instalados cobijo. No le mentiré: desde hace tiempo esperaba que pasaran por mi casa. Sé que mis vecinos son ricos: por eso no abrirán las puertas. Sólo yo soy pobre, y no me quejo, sólo tengo esta casa, que es, sin embargo, mi mayor alegría, mi vida, mi tesoro. Cuando yo muera, ella morirá conmigo>>. El viejo comenzó a mirar con satisfacción su hogar. Se levantó y se dirigió a la chimenea. <<¿Ve esta chimenea? Aquí enterré a mi mujer. Es decir: aquí la incineré. Murió hace diez años, durante dos estuve intentando retenerla a mi lado. Usted podrá imaginarse que la casa se vició con el olor a cadáver descompuesto. Cada día la revisaba por entero y le extirpaba los gusanos que iban apareciendo. Hasta que un día recordé que hay gente que, al morir, son incinerados. Eso me dio la idea de incinerar el cadáver de mi mujer en mi chimenea. Era, sin duda, la manera menos complicada de tenerla a mi lado hasta el final de mis días. ¿Sabe usted? Ella, al casarnos, dijo “estaré contigo hasta el día de tu muerte” y pienso hacérselo cumplir. Ella era mía, ¿lo entiende? No tenía derecho a irse, y sin embargo se fue, murió. Pero… en fin, usted me comprende. ¿No? Diga, ¿me comprende o no?>>, se volvió a sentar. <<No, no le comprendo>>, contestó el Reciénllegado. <<Es igual, es igual. Ahora dígame usted, ¿a qué ha venido? ¿A qué vienen los demás?>>. <<No puedo responder por los demás>>. <<Pues responda por usted mismo, ¿a qué ha venido? ¿Qué pretende?>>. <<No he venido, más bien he llegado>>. <<Pero ¿a qué? ¿a qué?>>. <<Lo sabe muy bien>>, y señaló sus ropas y su zaguán. El viejo quedó perplejo un instante, después comenzó a reir con carcajadas muy fuertes, y siguió haciéndolo hasta que la tos cortó su risa y le hizo encogerse en el sillón. Al rato, consiguió recuperarse, aunque ya no reía, ahora miraba al Reciénllegado con ojos socarrones e irónicos. <<Aquí no está, no lo encontrará>>, dijo. <<Y sin embargo, usted sabe lo que yo busco>>. <<Claro, ¿quién no? No había caído hasta ahora, pero ya lo tengo claro. Hágame caso, es inútil. Jamás podrá encontrarlo>>. <<Yo no dije que quisiera encontrarlo>>. <<En efecto, no lo dijo. Pero se deja entrever>>. <<Supone demasiado>>. <<En fin, es lo mismo. No lo busque. Hágame caso. Menos aún aquí. En la Ciudad no gusta la gente que lo busca, y menos aún la que va proclamándolo a los cuatro vientos. Créame: déjelo correr, aquí no lo encontrara y, para colmo, se está metiendo en un peligro muy grave. No sabe la cantidad de gente que desaparece durante el Frío. Se dice que les entierra la nieve o que caen en los lagos congelados… pero si desaparece tanta gente entonces pueden cometerse los más injustos crímenes y considerarse a las víctimas simples desaparecidos. ¿Entiende?>>. <<Entiendo. Pero no me intimida>>. <<¿Y quién quiere hacerlo? Es usted estúpido, estúpido. Es muy joven, ¿no se da cuenta?, aún no sabe lo que es la vida. No, aún no lo sabe. ¡Cuantos jóvenes como usted habré visto yo! Temerarios, impulsivos… en fin, Buscadores, qué más decir de ellos. Ni usted ni esos jóvenes saben lo que es la vida. Yo sí, tengo mi edad, mi experiencia. Déjeme que le cuente una historia, ¿quiere?>>. <<Está bien>>.

<<Se trata de una historia real, versa sobre mi hermano, un poco mayor que yo. De joven fue uno de esos impulsivos, de esos locos que se lanzan a la búsqueda: un Buscador. Y eso que tenía un trabajo seguro: mi padre poseía, por aquel entonces, una panadería, y nos tenía a nosotros como aprendices. Quiero decir que muchos jóvenes se lanzan a buscarlo porque no tienen otra cosa que hacer, pero mi hermano no, mi hermano tenía un trabajo seguro, una profesión… En fin, se marchó y anduvo por muchos sitios, estuvo en el Bosque, en la Cueva, anduvo mendigando por aquí, por la Ciudad, incluso nos eludía al vernos por las calles… estuvo en muchos sitios, y al final no encontró nada. Se dio por vencido. Yo lo encontré un día en una de estas calles, llevaba casi una semana sin comer, sin beber, sin moverse del sitio en donde había caído, preso de quién sabe qué tristeza. Lo recogí y lo llevé a casa. Allí lo alimentamos y le dimos bebida, por suerte no había llegado aún el Frío, si no quién sabe lo que le hubiera pasado…. Al principio parecía fuera de sí, no hablaba, no miraba a los ojos: únicamente respiraba. Poco a poco fue recobrándose y, aunque aún tenía recaídas, le dejamos que se incorporara de nuevo a la panadería. Fue recuperando el color, la razón. Y entonces parecía de nuevo ser el de antes, hablaba de lo mismo que antes, hacía lo mismo, incluso casi ni salía a la calle, sólo cuando era imprescindible. Es decir, se convirtió en un Instalado, de los mejores que yo he conocido: figúrese que la Justicia le asignó un veinte por ciento más de lo asignado por tener que dejar de trabajar. Sí, era un Instalado ejemplar. Hace quince años, dos días antes de morir, me llamó a su presencia. Al principio me irritó bastante que me llamara y me hiciera salir de casa, pero, conociéndole como le conocía, supe que era algo importante. Él me hizo sentar a su lado y me dijo: “Hermano, ¿recuerdas el tiempo que anduve de Buscador? Tengo que confesártelo: me daba asco toda la vida de los Instalados, su rutina, sus comodidades, sus aburrimientos. Era muy joven, ya lo sabes. Para mí la vida significaba otra cosa, no sabía qué, pero otra cosa: estaba equivocado, de eso me di cuenta cuando volví a trabajar en la panadería. La comodidad, la constante pero sin embargo dulce rutina, la seguridad… en fin, son cosas a las que no se puede renunciar. Hay que hacerse cargo de ellas. Sobre todo la seguridad. Ah, cuánto habré yo disfrutado en mi casa, solitario, sin ningún ruido, sin ningún peligro cerca… Eso es algo de lo que no se puede prescindir, eso es la vida. ¿Me comprendes?” Eso fue lo que me dijo, yo le contesté que sí, que le comprendía. Y dos días después murió, y en su cara se podía ver la felicidad, se lo aseguro, irradiaba felicidad. ¿Comprende lo que le quiero decir? ¿Comprende la historia?>>. <<Creo que sí. Permítame hacerle unas preguntas. Su hermano… ¿le contó algo más de su vida de Buscador? Quiero decir: aparte de esas últimas palabras finales>>. <<No>>, contestó el viejo. <<Bien. ¿Está seguro? ¿No hizo la más leve mención, de cómo le fue, por ejemplo? ¿No le contó nada de nada?>>. <<No. No habló de nada en absoluto>>, y tras decir el viejo esto el Reciénllegado comenzó a reir. El viejo se quedó mirándole con rostro de desconfianza. <<Viejo carroñero>>, dijo, <<ya conozco a los de su calaña>>. <<¿Cómo?>>, preguntó incrédulo el viejo. <<Me he topado con muchos como usted. Los Desencantados, así se os llama. No me ha engañado con su historia. Usted es su hermano. Usted fue buscador y se rindió… Es bastante usual, como también es bastante usual que los que se rinden pretendan que los demás se rindan también. Lo hacen para demostrarse a sí mismos que no había otra cosa que hacer>>. El viejo se fue encogiendo poco a poco en el sillón, comenzó a toser violentamente. Entre tosido y tosido gritaba >>Pero ¿cómo? ¿Cómo?>>. El Reciéllegado le miró: <<Es muy fácil. Dice usted que su hermano no le dijo nada y sin embargo antes ha estado contando en dónde estuvo, que se cansó de buscar. Ja, ja, ja. Ha caído usted en la trampa que pretendía tenderme. Todas esas palabras que me ha contado que le dijo su hermano son las que usted se repite, todos los días, para aguantar haberse rendido. Me da usted lástima…>>. El viejo se levantó furioso, con el rostro desencajado y se lanzó con rabia sobre él. Sin embargo, era muy débil, el Reciénllegado lo apartó fácilmente a un lado. <<¡Fuera! ¡Fuera de mi casa! ¡Es usted un imbécil, un estúpido si piensa que va a encontrar algo! ¡Váyase!>>, gritaba el viejo. <<Ya le dije que no pretendo encontrar nada, sólo busco>>, dijo, y salió de la casa, de nuevo sintiendo los golpes del viento en el rostro y con los chillidos del viejo diluyéndose a cada paso que le distanciaba de la casa: <<¡Es usted un imbécil, no encontrará nada! ¿Me oye? ¡Nada!>>.

(Todos los cuadros son de Caspar David Friedrich: “Invierno”, “Las ruinas de Eldena” y “Dos hombres contemplando la luna”, respectivamente)

January 16, 2009

Amor fáctico

Toda película de amor o es una gran mentira o no es de amor.

Dejemos para otra ocasión el segundo brazo de la dicotomia y vengamos al primero, es decir, al de la Gran Mentira.

Tengo que reconocer que entre todas las películas de amor que en el mundo han sido y que yo he podido videar (hermanitos) no hay ninguna que haya colmado tanto mis expectativas mórbidas de cine-basura que la titulada “Love Actually”, autoproclamada como “La comedia romántica definitiva”. “Amor de hecho”, “Amor de facto”, “Amor actualmente”, “Amor en acto (y no en potencia)”: da igual la traducción que escojamos, en ella podremos contemplar cómo el cine moderno da una vuelta sobre sí mismo y en las interminables dos horas y pico que dura esta película nos pone ante los ojos el muestrario completo de las relaciones amorosas posibles. Amor paterno-filial, amor fraternal, amor conyugal, amor extraconyugal, amor laboral, amor amoral… cualquier forma que se le ocurra a nuestra patéticamente escasa imaginación tiene cabida en el argumento de esta película.

cartel de la dichosa peliculita, observese al fondo a la derecha a Mr. Bean y fórmese un prejuicio acerca de ella: acertará

Miles de escenas míticas la avalan, pero quiero comentar tan sólo unas pocas. La primera no puede ser otra que aquella en donde el jefe (Alan Rickman) de una oficina donde hacen no sé qué (yo creo que hacen amor, amor constante y eternamente) aborda a una empleada suya y le dice, como en tono castigador y autoritario: “Dígame, señorita Smith (por ej.), ¿cuánto tiempo lleva en esta oficina?”. A lo que ella, intimidada por la precariedad de su puesto de trabajo, dado que -luego nos enteramos- tiene que cuidar a un hermano que no se sabe si está loco o es subnormal, le replica, casi en tono marcial: “Tres años, X días y N minutos, señor” (”¡Señor, sí, señor!”, diría de ser militar). Y el aguerrido y dinámico jefecillo ante la respuesta le acosa con una nueva pregunta: “¿Y cuánto tiempo lleva usted enamorada de Peter Hanks (por ej)?”. Y ella, ni corta ni perezosa, “Tres años, X días y N - 20 minutos, señor”. Y el jefe, demostrando su control omnimodo y fascistoide de la vida de sus empleados: “Pues a qué espera para decirle que le ama, ¿eh?, dígalo o la despido”. Y ella, subordinada hasta el vómito, “Sí, señor, se lo diré esta tarde, señor”. O algo así. ¿Cómo es posible semejante estado de cosas? Y peor, ¿cómo es posible que se piense que semejante estado de cosas es cómico, incluso bondadoso? En la película, en efecto, la cosa se plantea así, como si el jefe la estuviese haciendo un favor, dándola un empujoncito, con lo que se demuestra que el proletariado por sí mismo se autodestruiría si no tuviese un jefe que les mandase a copular para que la raza humana no se extinguiera. Pero quizá sea yo que no entiendo la política de relaciones entre empleados que se maneja en las islas británicas: aquí en España, somos más de eso de “no mezclar el placer con el trabajo” o, más castizamente dicho, “donde tengas la olla no metas la polla”.

Otra gran escena. Liam Neeson (el jedi viejuno del ínfame Primer Episodio) es un padre guay, ¿por qué? Porque no es el padre, digamos, carnal. Y claro tiene sus reparos en infundir la educación opresora que se supone en todo comportamiento pedagógico. Si a eso le sumamos que la madre se ha muerto y él se ha quedado con el marrón del niño y una depresión de caballo, pues tenemos unas costumbres más relajadas aún, que redundan en una autonomía del infante quizá pedagógicamente erronea pero vivencialmente estupenda. El caso es que el niño es un ser de lo más repelente y marisabidillo, cuyos diálogos seguramente han sido escritos por algún guionista cincuentón cuya idea de la infancia es que son adultos pero en talla S, de modo que cada vez que habla dan ganas de matarlo para que vaya a encontrarse con su madre que en paz descanse, además que ofrece una explicación más satisfactoria que la de la propia película acerca de ese destino de su progenitora: el suicidio. En fin, el caso es que el chaval comienza aparentemente a sufrir una depresión del quince y, claro, el pobre Liam no sabe qué hacer, demasiado tiene él con su luto, y le da cosica hablar con el guaje acerca de lo que le pasa. Al final se decide, porque si no ésta historia no tendría sentido, y resulta que el repelente comino no llora la muerte de su madre (si total…) sino que llora porque está enamorado y pasan de su culo, lo cual es normal si nos atenemos a su condición de adulto pequeñito. Dicho sea de pasada: el objeto de sus amores es una niña con idéntico nombre al de la madre (cosa que crea confusión en Liam, dado que piensa que llora por la madre), circunstancia con la que un psiconalista de lo más mediocre (incluso yo mismo, haciéndome pasar por psiconalista) podría escribir un libro entero acerca de la sustitución y demás mecanismos anímicos de ignorar el dolor. Y llegamos ya a la escena que quiero comentar. Liam y el niñato están tirados en el sofá, compungidos ambos por sendas mujeres de idéntico nombre, y el chaval le espeta a Liam: “Oye, tú nunca me hablas de tu vida sentimental” (literalmente al menos lo de “vida sentimental”, que ya he comentado que el niño es repelente como el que más). Y Liam, algo sorprendido, replica: “yo ya no tengo, ya la tuve con tu madre”. Sería de esperar que aquí actuara el complejo de Edipo del chaval, pero no, éste se dedica sin más a soltar una charleta sobre cómo duele el amor y esas cosas que puede escribir una quinceañera en su diario, a lo que Liam, viendo que el niño comenzaba a volverse un emo, dice: “Creo que tenemos que ver a Leo y a Kate”. ¡¡¡Y se ponen a ver Titanic!!! ¡Por Dios! ¡¡Si ya una sesión de peli-manta padre-hijo es patética, imaginaos encima que sea viendo Titanic!! En este punto meta-fílmico, la historia del cine se supera a sí misma. Ni Beckett ni Ionesco conseguirían un punto más elevado de absurdo…

Liam y el niño repelente, a lo peli-manta

Liam y el niño repelente, a lo peli-manta

Y así se podría seguir, ya os he dicho que la película dura sus dos horitas y pico, y encima consta de chipicientas historias que se entrecruzan de la manera más artificiosa posible. Amor matrimonial y amor del amigo por la esposa (el mismo que les organiza la boda a ritmo del All you need is love beatleniano, que se ve ahí cómo quería separarlos desde el comienzo); amor entre un cantante viejuno y comido por la demencia senil y su representante (nada de relaciones homoeróticas, por supuesto, al menos no explícitamente, que al fin y al cabo es una peli familiar); amor entre un tío que no se sabe por qué quiere de pronto escribir una novela y la criada portuguesa (o española sin estudios, como diría un inglés) que le limpia la casa, porque claro escribir le tiene todo el día ocupado…; amor entre el niño repelente y la niña, y entre Liam y la madre de la niña (que es Claudia Schiffer, cómo no), lo cual convierte la anterior relación en incestuosa, al menos políticamente hablando; amor entre el Primer Ministro (¡Hugh Grant!, no podía faltar) y una secretaría suya; y muchas más que no recuerdo ahora.

Hugh Grant, Primer Ministro, junto a su fulanita

Hugh Grant, Primer Ministro, junto a su fulanita

Así que ya saben, si no saben qué es el amor y quieren enterarse, vean esta magnífica película: así sabrán qué no es el amor, con lo que tendrán un trecho del camino andado.

Salud y esas cosas, Funes III.

January 14, 2009

Oh blanca navidad

Papito Noel encabezando la revolución del proletariado

Otras navidades más que han pasado y, exceptuando las nevadas madrileñas siempre tan escasas y tan imprevistas, nada ha cambiado, por más que si la crisis, el dvd o la ministra de defensa. Todo sigue igual: las manidas y familiares celebraciones que olvidaron tiempo ha su fundamento y se repiten de un modo inercial, la exigencia de regalos, que se enmascara en los presentes ajenos, los sorteos loteriles y la previa acumulación de boletos por el “y si cayera…”,  las obligatorias cenas -hasta ocho para el español medio, decían el otro día en la TV- con gente con la cual lo más digno sería callar para que la desidia o la consternación tomasen la palabra, las aglomeraciones en las rebajas, que muestran la inmundicia de los consumidores… Todo es como un cuento leido ya miles de veces, que se ha ido destiñendo en su constante repetición.

No soy autor de una familia, es decir, no he creado ninguna y me dedico sólo a padecer la heredada, de modo que no sé qué puede pasarles por la cabeza a los -valga la redundancia- cabezas de familia para consentir, generación tras generación, en jugar otra vez a este juego, redundar en la participación de estas estafas colectivas sin color ni lustre. ¿Por qué no negarse al ritual de la onerosa cena, por ejemplo, o al de la ilusión fehaciente de que por fin caiga aquí el Gordo?

Son fiestas familiares, se me dirá. Sin duda, si concebimos a la familia como una -más bien, la-entidad microeconómica de consumo, pasivamente orquestada por los negocios de distribución y producción de mercancias. Pero es seguro que alguien que dé un cierto sentido, si es que lo tiene, a la expresión “fiesta familiar” no aceptará de buen grado esta concepción del ente familiar. Entonces, ¿cómo puede ser que esta pantomima perdure? Es evidente que sus fundamentos quedaron tiempo atrás perdidos: en casi nadie pesa ya la celebración religiosa que motivaba la celebración de la  Navidad. Se me dirá que el fin de semana también tiene un fundamento religioso perdido y que no me quejo al respecto. A lo que me gustaría replicar que encuentro un cierto fundamento racional -o, mejor dicho, sindical- en el mantenimiento de la institución del fin de semana, cosa que, sin embargo, por más vueltas que le dé no hallo en la de la navidad.

No, la navidad es sin duda una institución que perdura en base a intereses meramente económicos y cualquier tipo de defensa de la misma basada en la índole ético-moral del ente llamado “familia” o cosas por el estilo, lo único a que contribuye es a ocultar y enmascarar esos intereses, pisoteando e infamando -por tratarla como un medio, lo sepa o no, para esa defensa- todo aquello que se quisiese mentar con la susodicha índole.

Semejantes urticarias me produce el día de San Valentín y no hay para mí persona más detestable que aquella que transige con esta festividad. Pero eso es otra canción…

Un saludo, Funes III

PD: dejaremos para otro día la cuestión más peliaguda de todas -y que quizá esclarezca todo esto-, la de si la familia sigue teniendo un fundamento más allá de aquel de ser la celula microeconómica por excelencia.

January 7, 2009

…nada ha cambiado

Filed under: Crónicas Bíblicas — Tags: , , , , , — La Mascara @ 8:44 pm

La historia recuerda a veces a una espiral. Siempre haciendo lo mismo, pero más intensamente, más cruentamente. No quiero con ello decir que la historia sea un ente que vaya asumiendo esa forma en su propio desplegarse interno, sino que quizá la imaginación de los hombres no es tan ilimitada como se suele pensar, al menos en lo que se refiere a los hechos históricos. A este bucle contribuyen, además, los textos sagrados, elevados irracionalmente a piedra de toque de los acontecimientos y con ello fomentando la repetición de las conductas que en ellos están descritas.

Reflexiónese sobre esto y otros asuntos más actuales al leer este pasaje del Deuteronomio 7, 1-6 y 16-26 (por centrar al lector: es un discurso que está lanzando Moisés al pueblo judio justo antes de entrar en la Tierra Prometida, donde tendrán que guerrear con otros pueblos que por allí andan).

“7:1 CUANDO Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra en la cual tú has de entrar para poseerla, y hubiere echado de delante de ti muchas gentes, al Hetheo, al Gergeseo, y al Amorrheo, y al Cananeo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo, siete naciones mayores y más fuertes que tú;
7:2 Y Jehová tu Dios las hubiere entregado delante de ti, y las hirieres, del todo las destruirás: no harás con ellos alianza, ni las tomarás á merced.
7:3 Y no emparentarás con ellos: no darás tu hija á su hijo, ni tomarás á su hija para tu hijo.
7:4 Porque desviará á tu hijo de en pos de mí, y servirán á dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá presto.
7:5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus bosques, y quemaréis sus esculturas en el fuego.
7:6 Porque tú eres pueblo santo á Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra.
(…)
7:16 Y consumirás á todos los pueblos que te da Jehová tu Dios: no los perdonará tu ojo; ni servirás á sus dioses, que te será tropiezo.
7:17 Cuando dijeres en tu corazón: Estas gentes son muchas más que yo, ¿cómo las podré desarraigar?;
7:18 No tengas temor de ellos: acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto;
7:19 De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano fuerte y brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó: así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres.
7:20 Y también enviará Jehová tu Dios sobre ellos avispas, hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de ti.
7:21 No desmayes delante de ellos, que Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y terrible.
7:22 Y Jehová tu Dios echará á estas gentes de delante de ti poco á poco: no las podrás acabar luego, porque las bestias del campo no se aumenten contra ti.
7:23 Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruídos.
7:24 Y él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo: nadie te hará frente hasta que los destruyas.
7:25 Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego: no codiciarás plata ni oro de sobre ellas para tomarlo para ti, porque no tropieces en ello, pues es abominación á Jehová tu Dios;
7:26 Y no meterás abominación en tu casa, porque no seas anatema como ello; del todo lo aborrecerás y lo abominarás; porque es anatema.”

Paz en Gaza.

January 3, 2009

Mamuts navideños

Filed under: La atalaya de Funes III — Tags: , , , — FunesIII @ 8:09 pm

Pretendía yo hacer una crítica acerca de otra película que en los últimos días he tenido el gusto de contemplar, pero, durante mis investigaciones prevías a toda entrada que escribo, me he topado con un hecho insólito: se me han adelantado. De ese modo, no puedo menos que reproducir aquí el artículo hallado y agradecer el alivio de mi trabajo. La susodicha película se llama “Mamut” (2006) y es de ciencia-ficción. No tengo nada más que decir.

“Resulta que en un museo de historia natural tienen un cubazo de hielo con un mamut zarrapastroso y sarnoso dentro. El encargado del tema es Frank Abernathy, un guaperas curtido de gimnasio pero que como es científico lleva gafas y pone cara de “no quiero morir virgen” toda la peli. Además el notas es el típico padre yanqui que siempre olvida el cumpleaños de su hija, que para más jodienda es “amiga especial” de un pseudo-emo llamado “Skirly” o “Stirly” o algo asín. Para agravar la cosa aún más si cabe el yayo del clan Abernathy es un fumao del quince que rastrea ovnis en sus ratos libres y ejerce de abuelo simpático del siglo XXI.

Resulta que el bueno de Frank descubre en el cubazo de hielo una partícula extraña parecida a una bolita de esas de los collares, que acto seguido envía una señal por ondas (visibles) que atraviesa la galaxia y jode las comunicaciones de medio estado. Ipso facto una sonda alienígena se activa y se estampa contra el cubazo, resucitando al mamut. El bicho se despierta con una mala leche acojonante y decide absorber el alma/las entrañas/la vida (no me quedó muy claro) del segurata con su trompa. Acto seguido desaparece sin dejar rastro.

En vista de que la policía del condado está formada por un sheriff con más habilidad para criar lorzas que para detener maleantes y dos ayudantes habitantes de la inopia, hacen su aparición los Men in Black, si amigos, los Men in Black, e investigan la cosa.

Resulta que, efectivamente, el mamut ha sido poseído por extraterrestres y por eso practica la antropofagia vía trompa. Se suceden a continuación varias escenas cutres de aquí para allá persiguiendo al mamut hasta que lo congelan de nuevo y Frank consigue de paso congraciarse con su hija, ahorrarse un yerno freak y dejar al yayo como un palito pescanova.

Entremedias asistimos a una rave rústica y a una delirante escena en la que se resucita a una mano poseída por extraterrestres sin explicación aparente con un microondas y se lanzan hábiles comentarios científicos como por ejemplo “¿cómo explicas el efecto zombie sin alma?”.” (El Maycar, Filmaffinity)

Un saludo.

December 23, 2008

Pulse el botón rojo, púlselo

Filed under: La atalaya de Funes III — Tags: , , , , , , , , , , , , — FunesIII @ 2:10 am

Hoy he tenido la mala suerte de haber encendido el televisor. Veo una película: “Pulse (Conexión)” se llama. Supongo que la primera palabra del título es inglesa y la segunda, la que está entre paréntesis, es la transcripción castellana de lo anterior. O algo así. Es del 2006. Es de terror. No puedo aguantar más y enciendo el ordenador y me pongo a escribir.

Cartel de la inefable película

Cartel de la inefable película

No veo el momento de decir que la película es una basura, aunque supongo que ya lo habréis pensado desde el instante en que he dicho que era de terror. Si bien posee (iba a escribir “goza”, pero mejor no, mejor “posee”) un final atípica y sorprendentemente apocalíptico -aunque largo en exceso-, la dichosa peliculita respeta todos los códigos del género. Sí, esos códigos que se debieron establecer por confluencia de distintas películas de terror pero que han adquirido, pese a ese carácter coincidental, el valor de ser normas de estricto seguimiento por parte de todo guión “terrorífico”. Ya sabéis: una tía que no para de gritar toda la película y que casualmente suele estar buena, algún que otro bicho  que dé sustos (ya sea fantasma, como en este caso, ya sea un ente material), un grupo de amigos en el que palma hasta el apuntador… toda esa morralla. Y siempre igual: de pronto se quedan solos, no encienden ninguna luz, porque, claro, con el parpadeo del final del pasillo basta, suena una música in crescendo que culmina en un sonido histriónicamente agudo y… paf, el malo que aparece por detrás y entonces una de dos, o no es un protagonista y entonces el atacado muere indefectiblemente, o resulta que sí es un protagonista y entonces o puede morir -caso de que queden más protagonistas importantes, sobre todo la chica de los berreos- o tiene que salir echando leches de allí y, claro, ahora tiene que sonar música de persecución, cruzar muchos pasillos, puertas cerradas, etc. etc. La única “novedad” (por llamarlo de algún modo) que introduce este filme es la temática general que maneja, que aún así está ya muy vista y encima no es una idea original yankee sino que viene del Japón (esta pelicula es un remake al parecer): se trata de establecer una relación entre la tecnología y el terror, por medio de fantasmas y cosas así. No sé qué se les pasó por la cabeza a los japoneses para haber desarrollado este cine de tecnología-terror pero me indigna sobremanera que una memez tal haya salido de ese malogrado país: que recuerden Hiroshima y me digan si la tecnología no inspira suficiente terror por sí sola, sin recurrir a fantasmas o espíritus. En el caso de esta película el argumento es tan absurdo como lo siguiente: alguien desarrolla una especie de mega-conexión internaútica y entonces libera a una especie de fantasmitas o fantasmones que se dedican a quitarles la “voluntad de vivir” (the will of live, literalmente y ni más ni menos) a la chavalada y estos no paran de suicidarse, y, claro, eso no puede ser, asi que hay que tratar de pararlo, pero no lo consiguen y entonces la humanidad tiene que abandonar las ciudades y sitios con cobertura y/o wifi, yéndose a las zonas donde no haya nada de eso, y empezar a vivir desde cero, sin tecnología. No se entiende nada, ¿no?, pues eso mismo es lo que ocurre. No se sabe por qué los fantasmas tienen tan malévolas intenciones, ni por qué tienen esas aptitudes telemáticas, pero es así. Quizá algún japonés pueda explicarme esto.

Imagen fundamental de la película

Imagen fundamental de la película

“Pero ¿por qué nos cuentas esto?”, será vuestra pregunta. Pues bien, aparte del carácter terapeútico que hay a la base de estas exteriorizaciones de mis pensamientos, he aquí la respuesta: me gustaría analizar y comentar con vosotros el comportamiento de lo “malvado”, de la “cosa mala”, en este tipo de películas. Una intuición fundamental me guía: creo que los guionistas del cine de terror hacen pactos con el diablo para conseguir poner de su lado a las “cosas malas”. Me explico. Es muy, pero que muy curioso, el que los malos pudiendo asaltar a todo incauto humano que se les enfrente, siempre aguarden pacientemente a que dé unos cuantos pasos, que mire dentro de un armario, que se esconda debajo de la cama o cualquier otra chorrada que se le ocurra hacer. El caso es que siempre esperan. ¿Por qué? Pues para que el guión tenga algo de tensión, es decir, para ayudar a sus aliados guionistas. Todo aquel que vea una película de terror sabe que en una determinada escena un tipo va a morir -sobre todo si es al principio-, el único intringulis -si es que tiene alguno- es saber cuándo. De ahí el pacto demoníaco. Si no existiera esa ayudita de las fuerzas del mal caerían los protagonistas como chinches y la película duraría quince minutos, para alivio de los sufridos espectadores y para escarnio de los guionistas. Por no hablar de lo que sufrirían los ya de por sí sufridos responsables de la programación televisiva, que no sabrían como rellenar los huecos entre anuncios de su parrilla. Pobres, pobres…

Aguardo comentarios a ese interrogante: ¿es posible la existencia de ese pacto? Ya, ya sé que tampoco se entiende que los fantasmas sean malos, ni que se les vea (no tienen cuerpo, ¿no?), ni por qué he tenido que ver yo esta película, ni por qué os he hablado de ella… pero esas preguntas dejémoslas para otros días mejores, de vino y rosas, si puede ser.

Un saludo, Funes III.

PD: el uso de imágenes es un sentido homenaje a mi querido amigo Hasterbinn, el cual, tras concederse una pausa que ya se nos antojaba horriblemente larga a nosotros sus fans más acérrimos, parece que regresa por sus fueros tras haberse hecho un hueco en este dominio. He aquí el enlace a su blog: http://www.yoibaparaalgoenlavida.es/hasterbin/


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