Otra “otra historia de amor”
Jueves.
¿Cómo te encuentras, mujer excepcional?
Te escribo estas líneas con celeridad ya que mi señor padre ha prescindido unos instantes de su ordenador portátil, habiéndoselo traído a este nuestro lugar de ocio y solaz en la murciana región de La Manga para proseguir con sus menesteres laborales y no separándose de él con su ahínco característico. No puedo relatarte mucho, pues no hace mucho que llegamos, esta mañana, sólo que hace un calor extremo y que mi progenitora se encuentra a disgusto, dado que no es de su agrado la playa y siempre permanece solitaria en el hogar, o no, antes bien permanece cuidando de mi hermano menor, el cual ha arribado un tanto indispuesto, como afectado de diarreas o algo similar. Me he acercado a la playa momentos después de llegar, ya que en el aseo no funciona el riego y ha sido preciso que viniera la persona que se ocupa de esos menesteres y que ha dicho que el motivo de la avería es su poco funcionamiento (deberías haberlo visto, el hombre se atusa el cabello con exceso de grasa sobre la frente y huele a licor de anís), y mientras que mis familiares se han quedado con el operario se ha producido mi salida antes mencionada, precedida por un “me marcho”, acercándome a la playa para tratar de broncearme, lo cual ha resultado sumamente aburrido, dado que sólo he podido encontrar personas muy adultas y no a gente de mi misma edad o similar. Espero que al anochecer mi padre me permita allegarme al Zoco, pues siempre incide en mi escasa edad y me señala que no es un lugar para mí (a lo que me gustaría responderle que ya poseo cierta edad como para manejármelas yo sola y que ahora mismo me hallo en estado ocioso, tras la finalización de los trimestres escolares, subrayando todo esto con alguna expresión de júbilo y euforia).
Dicho esto, querida amiga, te emplazo a la correspondencia de mañana para seguir relatándote mis vivencias vacacionales y me despido de ti, enviándote tres besos fuertes y gestos de alegría y confraternización.
Hola de nuevo, espero tus contestaciones.
Yo me hallo en la playa, lo cual quizá te produzca una envidia sana, dado que tú te encuentras en la ciudad y seguramente tu estado de ánimo esté invadido por el aburrimiento. ¿No es así? Yo, mientras tanto, estoy en la arena fina de la playa (la comparación de nuestros estados me produce cierta sorna, sin querer ofender). Pero no es oro todo lo que reluce, pues ayer estuve disfrutando del ocio nocturno y no pude hacerlo sino hasta las once, hora muy temprana, desde luego, como tú misma puedes juzgar, con el añadido de que mi padre se acercó a recogerme por el sólo motivo, conjeturo, de que mi madre se encuentra enojada por las averías que te referí en la anterior misiva y alivia su frustración con él. Me gustaría permanecer ajena a sus conductas. Para más inri, fuimos a dar un paseo todos en familia y sentí cierta vergüenza de que estuviéramos los cuatro juntos en aquel paseo marítimo, como si se tratase de una festividad conmemorativa de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo: mi hermano, indispuesto, regurgitando de manera excesiva, mi madre, con la pretensión de regresar al hogar, mi padre, negándose a ello, el resto de la gente que allí se encontraba, observándonos, y yo, presa del pudor y la vergüenza, a lo cual se suma, además, que yo, que me mantengo fuera de todo ello, ajena a sus reyertas, fui objeto de reprimenda por parte de mi madre, que me decía que era preciso que aprovechara el tiempo en cultivar mi espíritu con vistas a las pruebas académicas, a lo que yo replicaba que me encuentro ociosa, que si no quiere que me distraiga festivamente pues no lo haría, mas ello no ocurrió, sino que al final pude disfrutar con algunos amigos alojados allí de unos tónicos espirituosos en la vía pública. He de referirte que apareció alguien a quien yo no conocía, con nombre bien extraño, como Damián o Fabián, y de procedencia, seguramente, argentina, el cual era bastante agradable y conversaba de un modo un tanto chocante, si bien llevaba un perfume un tanto afeminado. Cambiando de tema, te diré que dentro de un rato ha dicho mi padre que iremos a comer a un restaurante, mientras mi madre me decía que debía llamar al operario para que arreglara la ducha, que se encuentra en un estado deplorable, y yo le he contestado que quizá podría utilizar la ducha pública que se halla en la piscina, pero la idea no le ha convencido y ha reclamado mi silencio, lo cual es una muestra de su cerrazón y me sume en un hastío tal que me hace plantearme la posibilidad de volver a realizar un viaje con mis progenitores (tú me entenderás). Dadas estas circunstancias, hoy pienso demorarme en mi regreso a casa, lo cual lo ha comunicado ya a mi padre de un modo firme y conciso, como puedes suponer, aunque el muy desdichado no tiene opción de réplica, dado que ni siquiera en el litoral es capaz de librarse de la menesterosidad laboral. Espero volver a ver al rioplatense y poder contarte los pormenores otro día. Ciertamente, se nota la agitación de la noche a estas horas, aunque haya una ingente cantidad de personas muy adultas, tanta, que en cierto modo produce una nausea relativa el remojarse en el agua de la playa, dicho sea con carácter cómico, claro está.
Hola, meretriz, te escribo unas líneas, que el aburrimiento me domina.
Ayer, al final, no sucedió nada reseñable, sólo anduve un tiempo con mis amigos de este lugar, pero no compareció el ansiado argentino, y mi padre, pese a ser viernes, acudió a recogerme a hora temprana de nuevo, las once, y para colmo me amonestó severamente, que he de confesarte que me hallaba levemente embriagada, pero aún así me pareció excesiva su reacción, con sus admoniciones de que no regurgitara en el automóvil; sin duda, el mundo se está volviendo loco. La razón de ello estriba en que mi madre se dirigió al vecino, de manera subrepticia, para pedirle si podía usar su aseo dada la inutilidad del nuestro, cosa que debía haberte referido antes pero los estragos de los excesos del día anterior me impiden discurrir bien y me causan la impresión de que haya desarrollado alguna enfermedad mental, y es que el operario del baño continua sin aparecer, de modo que mi madre se encuentra muy enojada dado que, como ella dice, no soporta más el no poder realizar las abluciones pertinentes, pero mi padre, con un talante más bien indiferente, le replica que el sujeto advendrá en algún momento, cuando, ciertamente, no ha cejado de reclamarle desde que vinimos al muy malandrín, y el operario sólo se presentó el primer día, seguramente porque, al ser fin de semana, todo el mundo goza del descanso que también se permitió nuestro Señor durante la semana de la Creación. Al menos, este es el argumento que sostiene mi padre ante su señora y madre mía, y ella replica con la exigencia de que regresemos a nuestro residencia habitual, insistentemente, mas mi padre se niega a cumplir semejante imperativo, ni siquiera al insistir mi madre y remarcar la condición insana de su otro hijo, esto es, mi hermano menor, y el estado precario en que nos encontramos al no gozar de la posibilidad de ducharnos, en definitiva, creo que podrás hacerte una visión de conjunto de la escena, un enfrentamiento dialéctico indefinido, hasta que, en un arrebato, mi madre ha realizado la antes mencionada visita al vecino, conversando con él acerca de nuestra carencia de riego, pidiéndole permiso para usar el suyo y haciendo hincapié en las condiciones tenebrosas de la existencia (ante lo cual no puedo reprimir una sonrisa), todo ello proclamándolo a los cuatro vientos, con la puerta de nuestro apartamento abierta y, como es natural, con mi progenitor participando de auditorio desde el salón, circunstancia que, sin duda, era contemplada por mi madre en los parámetros de su conducta y que provocaba en mi padre insinuaciones de un posterior castigo, y, a todo esto, nuestro prójimo, absolutamente estupefacto por el comportamiento de esa mujer con voz estridente, que ha asentido a la petición, de suerte que incluso su mujer, la del vecino, ha comparecido (portaba unos pendientes demasiado extensos y no muy de mi gusto, que parecían hechos de metal de ínfima calidad), de suerte que mi padre ha tenido que acudir al rellano para pedir a mi madre que regresara a nuestro apartamento, a lo que ella se ha negado, puesto que, habiéndole ya causado molestias al vecino, no quería que fueran en balde, y ello ha motivado que el susodicho vecino manifestara su indiferencia ante el asunto y entornara aún más la puerta de su hogar, lo cual ha creado una situación graciosa a la par que gravosa, pues mi padre se ha encolerizado y mi hermano menor, presa de una necesidad fisiológica urgente, se he introducido rápidamente en la casa ajena, sin ningún tipo de petición expresa al respecto, lo cual revela su carácter intrépido que me lleva muchas veces a la hilaridad, como en este momento. Para ir concluyendo, te contaré que al final mi madre ha regresado a nuestro hogar y entonces se ha iniciado en el salón una reyerta semejante al concilio en el que se decidiera la trinidad de Nuestro Señor, de la cual he conseguido evadirme escabulléndome hacia la piscina, dejando pasar el tiempo por ver si él fuera capaz de hacerles regresar la cordura a mis progenitores, y de hecho, parece que así ha sido, lo cual sea dicho con sorna, dado que ahora tal paz me hastía. Sin embargo, para esta noche me ha comunicado mi padre que se me permitirá permanecer hasta la una, hora aproximada, lo más probable que porque desee departir con mi madre o algo similar, lo cual ya te lo referiré más adelante, mujer flatulenta.
Mándote tres besos.
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