"La persistencia de la memoria" de Salvador Dalí, admirador de Francisco Franco

“La persistencia de la memoria” de Salvador Dalí, admirador de Francisco Franco

Empezaré con la carta de rechazo de una revista electrónica. Al buzón que incluía la página editorial envié el artículo Teatro por la Identidad en Londres. En éste se relataba el tremendo impacto que tuvo en mí la experiencia de trabajar como ayudante de dirección en el primer ciclo de Teatro por la Identidad en Londres. El director de la revista contestó rápidamente y me reprendió mi falta de distancia en el texto (debido a mi participación en el espectáculo) y la duda que le provocaban las cifras de desaparecidos aportadas. Me invitaba a rehacer el texto para que fuera más objetivo (que no fuese maniqueo, firmaba) y al mismo tiempo más subjetivo (esto es, que apelara a la emoción). Me olvidé de de la nota, supongo que herido en mi vanidad y lo pasé a un par de correctores que añadieron algunas sugerencias. Finalmente lo publiqué en este blog.

Dos años después me doy cuenta de que lo que el editor sostenía, era una tesis muy común en el periodismo y en la ciencia histórica sobre cómo se debe relatar una experiencia. Quería que presentara una memoria de mi participación sellada bajo datos, fuentes y el contraste de biografías; pero desde la emoción. Me pedía que me pretendiese ser historiador de mi propios recuerdos, siempre y cuando estos se ajustaran a un paradigma científico traído de no sé dónde. La memoria viva de mis meses en los que montamos el espectáculo no era suficiente para explicar la realidad de lo que sucedió ni lo que significó: era preciso extraerla del tiempo y el lugar en la que se formó para que pudiera ser considerada un testimonio digno.

A mí manera de ver, esta manera de narrar la memoria extraída de quienes la vivieron, es decir, de las personas, la sitúa en un grave peligro: el de convertirse en nostalgia. Que es una forma de memoria solidificada en el lenguaje de los que detentan el poder, y que esta memoria finalmente termine por convertirse en el único relato posible. Se convierte en Historia y en Ciencia, y como tal crea sus axiomas y tautologías y condenan a todo aquello que no se encorsete en su discurso a ser hojarrasca y notas al margen.  Un discurso único en torno a la memoria es, por último, un recurso peligroso cuando para cimentar el concepto de Nación o Patria, ya que por extensión definiría la categoría de patriota y la de traidor.

Hoy vuelvo a estas notas tras haber tenido la suerte de dirigir, aquí en Barcelona, una de aquellas obras que tanto me enseñaron en su día, El Nieto, de Santiago Varela.