Yo iba para algo en la vida

El blog en español de Raúl Quirós Molina

Mes: Febrero 2011

Un hombre cae de un edificio, mi nuevo libro.

Gratis. Total.

Change

Ajeno

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y curo del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

Claudio Rodríguez

Diré cómo nacisteis

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

Luis Cernuda

Cosas que no me atrevo a decir en público

En cuestiones de amor, he tenido la fortuna de ser el hombre más desafortunado del mundo. Apenas ha habido año, desde que tengo catorce, en que no me rompieran el corazón por lo menos media docena de veces.

José Luis García Martín.

Pentonville

oh pero sí pero
no la cañería
funesta que ruge

cómo le duele el agua
que no bebe
pero sí pero
no balbucea
dentro de la pared
cómo se lamenta
cómo le habla
toda la noche
a las plumas
sin pájaro
de la almohada

Algo que decir sobre los elefantes

Nada de lo último que he leído sobre cementerios de elefantes – unas lecturas a las que ni Marlow ni los disidentes hacen referencia y me han llevado a centrar mis lecturas en los aspectos zoológicos de los elefantes naturales – hace referencia a algo así como un instinto animal que empuje a los paquidermos a elegir un lugar tan determinado donde caerse muerto. Es decir, que no está inscrito en su código genético, ni en su conducta animal acudir a un cementerio de elefantes. Se trata más bien de una consecuencia y de una estadística extrañísima. Los elefantes, cuanto más ancianos, más riesgo corren de sufrir deshidratación, por eso duplican y triplican el consumo de agua. Pareciera como si a la senectud le acompañara una urgencia por beber sin que haya una necesidad fisiológica para ello. Como parece que ningún agua calma este deseo, el elefante (natural), comienza a buscar nuevas fuentes, ríos, lagos, charcas donde encontrar otro tipo de agua, un agua que tal vez sí le sacie, sí le proporcione el hartazgo. Desesperado por el ansia, abandona el territorio que habita junto a los otros elefantes, se aleja, sin aviso; vagabundea por los alrededores, solo, perdido. A veces encuentra agua nueva, pero yo veo aquí una metáfora terrible, que es la que me perturba el ánimo: su sed es una sed interior, una sed reclamada por cada una de sus células y de sus órganos y por más que la evite, va creciendo a medida que pasa el tiempo. Por fin encontrará el valle donde los otros elefantes murieron y ante el espectral panorama, le abatirá el desánimo y convencido de que su búsqueda ha sido gratuita, que en realidad estaba muriéndose y la sed era tan solo un preámbulo, se recostará bajo algún árbol y expirará.
Estoy convencido de que es el organismo el que llama a la muerte y en los casos de enfermos que acuden a estos cementerios la voluntad es falible. En la soledad abundante de huesos y espíritus tal vez crean encontrar una utilidad para su destino, confundirse entre los esqueletos de los animales, innombrables e irreconocibles, desaparecer; en fin, ser verdaderamente un animal.
He dejado de acudir a la biblioteca y he dejado de leer. No acudiré más a ninguna reunión de enfermos, no me apetece escuchar a los nuevos ni aguantar las batallitas autocomplacientes de los veteranos. No puedo quitarme la idea de los cementerios. ¿Le colocarán unas vallas alrededor, para evitar la satisfacción del elefante suicida, que descubra que otros han tenido las mismas dudas que él? Los ayuntamientos de todas las ciudades del mundo los mismo con puentes y acueductos de suicidas, o las mamparas del metro. Quiero curarme y volver a los cuadernos caligrafía en el salón. No quiero ser un elefante.