Yo iba para algo en la vida

El blog en español de Raúl Quirós Molina

Mes: abril 2008

Ubuntu

Ubuntu quiere decir: “Una persona es persona en razón de las otras personas”. O si nos ponemos o rimbaudianos y tajantes Car je est un autre, algo así como Puesto que yo es otro.
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Pocos sabían que Rodrigo García venía a presentar Agamenón a Alcalá de Henares: diminuta obra por sus dimensiones de escenario (apenas 30 personas pueden asistir al espectáculo sin necesidad de utilizar anteojos), gedeónica en sus pretensiones. Por supuesto, Rodrigo García no es Esquilo, y su Agamenón tampoco: por ello sus pretensiones pueden ser más contundentes à la fin. A lomos del monólogo patético y la performance, el recorrido por los aspectos que más intrigan a posmodernos (es decir, los mismos que intrigan a la humanidad entera) por la única vía de una sola voz que a su vez habla por Agamenón, Clitemnestra, Casandra, por el niño maltratado, la mujer maltratada, el hombre maltratado. Yo es otro.

Por lo demás, dos semanas, dos veces en el teatro, dos obras clásicas: La asamblea de mujeres de Aristófanes en la Xirgú. Y yo por Cartagena.

Cat Power – Willie
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Cat Power para todos

Ayer me quedé dormido en el coche. Me despertó el ruido de la tormenta contra el parabrisas, lluvia que no paró hasta llegar a casa. Y para celebrar tan emotivo acontecimiento (soy un romántico indefinible), escribí el tercer poema de las constructoras, a la regular estela del último éxito desta web.

Ferrovial o La fábula del lechero

Nunca te dirá no conduzcas hoy
nunca te dirá tenemos que visitar a mi madre
nunca te dirá el niño es tuyo
nunca te dirá ella te ha vuelto a llamar
nunca te dirá sin ti no soy nadie
o por favor no te enfades
no me golpees en la cara
estás enfadado
jamás volverás a verme
o me enciendes como una tea
cambia de canal
estás engordando
estás borracho.

Nunca te dirá ven a mi casa esta noche.
Nunca te dirá ¿estás solo? ¿Solo? ¿Solo?
Solo. Solo.

Cat Power – Moonshiner
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Feliz post número 82

Hoy estoy de celebración porque escribo el post número 82, un número tan simple como cualquier otro (ni siquiera es primo – vicios de la profesión), menospreciado salvo por los muy futboleros, auténtica raíz de nuestra patria, junto a los toros, el sol y la siesta y por tanto raíz igualmente de nuestra poesía.

La crisis inmobiliaria nos ha traído, además de un torrente de noticias hecatómbicas y desgracias personales globalizadas, una nueva orografía que haría pensar de nuevo al Antonio Machado de Campos de Castilla: donde antes pastaban las ovejitas y cabras, se levantan hoy cadáveres de hormigón que rompen como olas de ladrillo contra un horizonte que no quiere entender de recalificaciones. Y me pregunto, ¿podría traen estos cementerios de la especulación una nueva forma de poesía? Porque a fin de cuentas, poesía verdadera es poesía que habla de lo que le rodea, y lo que nos rodea a los pobres diablos que crecimos entre asfalto y adoquines, y no entre bucólicos paisajes, es la transformación sistemática de los pocos paisajes agrestes que rodeaban las ciudades por mor y gracia de las grandes constructoras. Lejos de hacer un alegato panfletario a favor o en contra, lo cierto es que la modificación del paisaje tiene visos de ser eterna, o al menos, irrecuperable. Sea para bien o para mal, quién nos dice que en una década no se pone de moda hacer parques y todos los chalés pasan a ser el pasto de cagadas de perro. Antes se trataba de descampados con neumáticos, revistas de pornografía y coches quemados, hoy esos descampados se llaman Seseña, Valdemoro, etcétera.

En fin, todo esto porque hoy me reencontré con un poema que se titulaba Colonial o El arte de la seducción y que en principio me aterrorizaba por su frialdad, hoy le he cogido más cariño.

Colonial o el arte de la seducción

Permanecí tres meses
sentado junto a la ventana
que da a mi calle.

Se detenían coches, aparcaban
recogían a sus niños, pitaban
a los abuelos, gatos arrollados
bajo el caucho de sus espuelas.

Ninguna de estas cosas poseía color,
ni me eran agradables,
pero allí me quedé, sentado,
observando al portero que cortaba
los setos mientras la mujer dormía,
y él no andaba borrachos
del triste vino, triste, de las tascas
del barrio.

El afilador con su harmónica
titiritera y la piedra
de afilar a horcajadas de la Vespa.

Los SIMCAS con megáfonos
irradiando canciones de colores
desleídos y hablando de González
o de otro concejal del CDS.

El esperpento de la cabra
subiendo la escalera a ningún sitio
y que bajaba de nuevo al asfalto
a recoger limosna con las patas
ennegrecidas por el alquitrán,
picadas las pezuñas por la grava.

Quizá sea ahora cuando debiera
decirte que el poema que lees
es un itinerario inconsciente
por mi infancia y años solitarios
de mi adolescencia.

Me enamoré de ti
y pasé varios meses anhelando
que cruzaras mi calle,
y yo habría quedado muerto
de pánicos tras las cortinas
sin siquiera bajar para ayudarte
a volver a tu casa:
la metáfora.

Hoy escuché tu nombre y tu historia
clínica. Algún tipo te envenena
el corazón y vives, otro
lo encuentra y lo muerde,
el último lo tira en una caja
al Río Henares.
Tomas Tranxilium,
y no puedes dormir. Insectos
te devoran la piel. González no ganó.
Yo quiero terminar con el poema
y con todo este juego.
No puedo.

Talk Talk – It’s My Life
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Los Esmízs

O The Smiths / Morrissey. Está de más repetirlo – ya se encargó la NME durante años-, pero aún así: una verdadera inspiración para los músicos futuros, irrepetibles y, sobre todo, vulgares.

A la manera de los realistas sucios (que por cierto, qué mal suena lo de “realista sucio”, como a Charles Bronsonsucio realista, te voy a reventar) las letras de Morrissey van directas al hueso, hablan de personajes y situaciones tan comunes como delirantes. ¿Quién, en su vida, no ha tenido un novio fisgón que leía los mensajes que te enviabas con tus amigos, o el diario intimísimo donde escribías sucias realidades sobre él? ¿A quién no le ha recogido nunca un gentilhombre en su coche con tapicería de cuero un día de verano en el que pinchó una rueda de nuestra bicicleta, y una vez dentro del deportivo le hemos espetado eso de: “me gustaría salir esta noche, pero no tengo alfiler alguno para lucir“.

Absolutamente delicioso y genial. Así que dejo una canción que me recordó las largas horas de un fin de semana en el que fui a Ginebra, dormí en un hostal, bebí en varios bares, mi timidez me impidió hablar con nadie y en un faro le grité al mar: “¡Hasta cuandoooooooooo!”. Muy romántico, oh yeah. Se titula Half a person y no es de las conocidísimas pero clava como es eso de ser media persona.

Si tienes cinco segundos, te cuento la historia de mi vida

The Smiths – 06 – Half A Person
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