Yo iba para algo en la vida

El blog en español de Raúl Quirós Molina

Mes: Diciembre 2007

Promesas

A las ya consabidas promesas de año nuevo (hacer ejercicio, escribir a los colegas, buscar un trabajo, dejar de fumar) he pensado añadir unas cuantas de mi propia cosecha con la sana intención de hacerlo un poco más llevadero:

1 – Adquirir un nuevo superpoder: creo que el de la clarividencia está un poco desgastado (el recurso del ya te lo dije empieza a cabrear sobremanera a padres, amigos y hermanos), así que creo que me centraré en la teleportación o la invisibilidad.

2 – No morir. Debería estar la primera, porque las demás dependen de ésta. Sin embargo, he pensado que un poder chulo sería el de la resurrección. Aunque en mi caso se trataría más bien de la recurrencia o redundancia.
3 – Visitar Barcelona. Ya tengo excusa, gracias a Chema y Bea.

4 – Aprender otro idioma. ¿El francés y el inglés me bastan? No, hablo de otro idioma. Ya me entiendes.

5 – Algo que tenga que ver con el arte. O mejor no.

En resumen, bombón, que voy a escribirte una carta: aquí la tienes, ya es tuya, la estás leyendo en tu cama o en el autobús; rodeada de tus libros, escuchando tu música favorita o mientras hablas por teléfono con una amiga. Puedes verme escribiéndotela, tumbado sobre mi cama cubierta con sábanas a cuadros azules, mientras la sola luz que alumbra la vastedad de mi habitación se concentra únicamente en este papel, al igual que mi atención; y para no perderla me froto las cejas con el dedo pulgar e índice, tratando de buscar la palabra exacta con que llevarte a la siguiente línea sin cansarte. ¿Lo consigo? Ya llevas casi cuarenta segundos de lectura sin que haya sucedido nada… No hay una declaración de amor, ni un misterioso crimen. Por no existir, no existen ni personajes, ni asomo de los motivos que puedo tener para escribrte una carta… Y sin embargo, ya casi has llegado al final de esta página y continuarás leyendo, vas a seguir escuchándome incluso si no sabes que tono tiene mi voz, o si me había duchado el día que te la escribí o si estaba de pie. ¿No es maravilloso?

Trescientos miles de cartas de amor, Lucio Esperada

No me matéis por la canción. Escuché esta canción por la radio y me sentí identificado…

Naaaaaaaaah. Es que en el fondo me gustan los Hombres G.

El reencuentro con los libros

Llegar a casa supone también reencontrarse con los objetos que le pertenecían a uno; en mi caso, con mis libros; y también no encontrarse con objetos que esperaba; en mi caso, libros que envié desde Irlanda.

Querría atacar, morder, acuchillar a An Post y por extensión todo el funcionamiento de los servicios públicos irlandeses, de cómo es posible que un paquete “se pierda” sin más y nadie, absolutamente nadie, se digne siquiera a responder al teléfono o a leer los numerosos correos que les he enviado (ahora tengo que pedir la devolución de impuestos, veremos donde acaba la cosa). Los libros no son difíciles de conseguir, pero da rabia tener que volverlos a pedir porque ya me había encariñado con ellos. En fin, Dublín nunca se acaba.

El teatro completo de Shakespeare: sí, sí, has leído bien: todas las obras de Shakespeare están sirviendo de papel del culo de algún funcionario de Correos irlandés.

Heidegger, Arturo Leyte. Pensaba hacer unas lecturas compartidas, pero tendrán que esperar. Volver al Copleston, lalalááá.

Lugar de la derrota, Ada Salas. Cuando por fin encuentro una poeta española que talla su poética alrededor del vacío y del silencio, el libro se acaba perdiendo en su propio agujero negro.

Teatro selecto de Strindberg. Este es el que más dolor me produce, porque fue un regalo de cumpleaños y estaba dedicado. Imperdonable.

El Capital, Karl Marx, editado por FCE y anotado por el que escribe. Es práctico, no en vano, perder este tipo de libros cuando estás en el paro.


Singularidades
, de Vicente Luis Mora. Aunque no debiera, por mi porvenir literario, no me arrepiento tanto de perder este libro en particular. En su día provocó una enconada polémica en el mundillo poético, old skool vs. new age skool con sangre, entrañas desparramadas por doquier y un nuevo polo poético (la generación Nocilla, que es como mezclar el Tentaciones, Astrud y series casposas de los 80 en un nuevo estilo literario). El blog está bien, se recomiendan buenas lecturas bajo toneladas de comentaristas verborreicos y manifiestos. C’est ça l’Espagne!

Entre bestias y tostón

Una de las actividades más exasperantes cuando se busca trabajo consiste en aprenderse todo el repertorio de hazagañas y maniobras para afrontar con cierto éxito una entrevista de boulot: lenguaje corporal, preguntas a realizar al entrevistador, tono utilizado, vestimenta, etcétera.

Como la mayor parte de mi experiencia profesional ha sido en el extranjero, estoy poco acostumbrado a la manera de entrevistar en España que, en cualquier caso, supongo que será mucho más flexible que fuera; es decir, las mentiras habituales que sonaban de maravilla en inglés o en francés, producen un efecto cómico en castellano.

Le he estado echando un ojo a una de esas milagrosas listas de consejos a tener en cuenta cuando uno está cara a cara con uno de esos señores encorbatados que se llaman García y que son gerentes de alguna empresucha y he estudiado (tanto tanto como estudiado… Digamos “revisado”) los sabios consejos impresos; algunos realmente divertidos.

Go alone. Do not take children or friends.

Que quede claroclaro que llevar a los colegas de la banda de Latin-Kings no siempre ayuda.

Smile, be polite, and try to relax.

La verdad es que el mundo laboral se institucionaliza cada más para conseguir una homogeneidad perfecta. Llegará un momento en que todos los centros de poder o control (escuelas, hospitales, cárceles, grandes empresas) serán una y la misma cosa (los “parques tecnológicos”, que ya disponen incluso de guarderías). Con esto quiero decir que ir a una entrevista de trabajo será, dentro de poco, prácticamente lo mismo que ir al doctor.

Bring your “Fact Sheet”

Es peligroso demostrar tus habilidades con el inglés con términos como “Fact Sheet”. Decir “Hoja de hechos”, además de literal, suena cateto. Si, por ejemplo, se nos ocurre decir: eh, he traído mi Fact Sheet conmigo, lo más probable es que suene a algo como “Fuck, Shit”. No es algo bueno si el entrevistador sabe más de inglés que tú. Posiblemente no, pero más vale prevenir que curar (resulta sospechoso que este último consejo no venga en la lista).

* * *

Todo esto viene a cuenta de un artículo que he leído en la revista Manière de Voir que me compré en París para el TGV a Lyon y que no conocía. Es una revista del mismo grupo de Le Monde Diplomatique, y esto ya es garantía de una línea editorial de “izquierda dura”: Carlos Pardo, John Berger, Ignacio Ramonet entre otros. El equivalente español vendría a ser la revista Archipiélago de hace un par de años, cuando Agustín García Calvo estaba en la redacción. El artículo en cuestión se titula Joyeux Surexplotation Aux Etats-Unis (algo así como Feliz Explotación en los Estados Unidos) y discurre acerca de los nuevos modelos de negocio estadounidenses donde, bajo la premisa de hacer la vida más fácil al empleado (y no perderlo) van poco a poco apropiándose de la vida de los empleados (es decir, de su tiempo de ocio) mediante la oferta de fringe benefits desorbitados: servicios como guarderías, masajistas, psicólogos y otros; automóviles, actividades y vacaciones con otros miembros de la misma empresa, etcétera. La muerte de la empresa jerárquica y el nacimiento de la empresa tribal: el empleado no es ya un asalariado sino parte de una cultura de empresa, con su pensamiento mágico, su religión y sus tabúes.

* * *

A los franchutes no les caen muy bien los americanos y los americanos no saben donde está Francia: en una charleta de café escuché que la diferencia entre yankees y europeos era que los primeros actuaban antes de pensar, y los segundos pensaban y pensaban, y pensaban. No tengo claro qué modelo beneficia más a la economía (supongo que el primero, por disponer de mayores oportundidades para la creación de empresas, libres aranceles y toda la pesca), pero sí que es evidente cuál es más beneficioso para la construcción de una verdadera sociedad (sanidad pública, escuelas gratuitas, etcétera). Por eso una franchuta llamada Barbara Cassin escribió un libro llamado Google-Moi! que trata, entre otros menesteres, de las similitudes entre la creación del imperio Google y la creación del imperio Bush. Lejos de tratarse de un manual de berreos, la tipa, catedrática de filosofía, hace un análisis pormenorizado de los valores que fundamentan la empresa Google y los valores en los se basa la empresa Bush.

Por ejemplo: Organizar la información en el mundo, lo que vendría a ser la red Echelon, NSA, Freedom Act.

Por ejemplo: Don’t be evil (Cassin argumenta que la negación tética de ser “malo”, constituye una prueba de fe de que, en efecto, existen “buenos” y “malos”, c’est-à-dire, empresas buenas y empresas malas.

Google es el triunfo de la esquizofrenia capitalista.

(Yo tuve dos entrevistas con Google y por eso estoy resentido)

* * *

A mí a veces me gustaría decir a más de uno y una ¡Por qué no te callas! Lo que pasa es que soy todo corazón.

Volver, volver

Estos han sido los lugares donde por una anécdota, a veces mínima, podría haber ido a parar a lo largo de este año: Londres, Polonia, Taiwán, París, Ámsterdam, Zúrich, Montpellier, Australia, Nueva Zelanda, Roma, Valencia, Bruselas, Ginebra, los EE.UU., Japón, Ibiza y otros.

Es curioso, dos años y medio después de irme de Madrid detestando el trabajo, el calor, el tráfico, las pequeñas y mútuas traiciones de los colegas, el intelectualismo de bigotito rancio, el catetismo con olor a eructo de anís, los ancianos buscando el tesoro en la basura, los macarras de buen corazón, la penetrante colonia de las oficinas, las niñatas de discoteca y diario secreto, los yonkis de jamón york, los que pasean el perro a las cuatro de la mañana y te hablan cuando estás borracho y triste, o te hablan cuando estás borracho y alegre, en fin, todo de lo que salí corriendo, sigue ahí.

Nunca aprenderé, snif.

Cuando tiempo y distancia
Engañan los recuerdos,
¿Quién lo ignora?, es amargo
Volver. Porque interpuesto

Algo está entre los ojos
Y la imagen primera,
Mudando duramente
Amor en extrañeza.

Es acaso un espacio
Vacío, una luz ida,
Ajada en toda cosa
Ya la hermosura viva.

Mas volver debe el alma
Tal pájaro en otoño,
Y aquel dolor pasado
Visitar, y aquel gozo:

Nube de una mañana
Áurea, rama de púrpura
Junto a una tapia, sombra
Azul bajo la luna.

Posibles paraísos
O infiernos ya no entiende
El alma sino en tierra.
Por eso el alma quiere,

Cansada de los sueños
Y los delirios tristes,
Volver a la morada
Suya antigua. Y unirse,

Como se une la piedra
al fondo de su agua,
Fatal, oscuramente,
Con una tierra amada.

Luis Cernuda.

Mi hijo II/II

(Primera parte aquí)

Pronto toda la ropa le quedó demasiado grande; no sólo eso, alimentarle era cada vez más difícil porque las tetinas de los biberones le llenaban la boca y hacían que se atragantase. Al principio utilicé una cánula para darle de beber, pero cuando alcanzó el tamaño de la palma de mi mano tuve que darle de comer miguitas de pan mojadas en leche que le iba introduciendo poco a poco en la boca con el dedo índice.

Un día que paseábamos por el parque comenzó a llover con tal intensidad, que tuve miedo de que mi bebé se resfriara, así que lo tomé entre mis manos y los resguardé en un bolsillo, donde pensé que se encontraría a salvo de la lluvia. Corrí por Grafton Street esquivando a los turistas que hacían sus compras, llegué al cruce con Nassau y vi al pintor de aceras recogiendo sus tizas y sus tapices tratando en vano que el agua no borrara las expresiones de sus figuras; sin detenerme en los semáforos, alcancé O’Connell Street y me golpeé con un grupo de jovencitas que salían del SuperMacs y que me increparon en inglés… Corrí y corrí y cuando llegué a casa, comprobé alarmado que mi hijo había desaparecido. No estaba en mi bolsillo. Salí rápidamente a la calle a buscarlo ¿era posible que se hubiera caído durante la carrera? Después de unas horas de búsqueda sin fortuna me senté bajo un portal a que parara la tormenta. Los pequeños ríos y charcos que se formaban en las aceras y que iban a morir a las alcantarillas me hicieron sentir por primera vez en mucho tiempo una tristeza indefinida que aún hoy, en Francia, no me ha abandonado.

Esa misma noche dieron el alta a mi chica. No preguntó jamás por el bebé. Esa noche se metió en la cama con las manos apretadas contra el vientre y un gesto de dolor contenido. Yo la abracé y nos quedamos dormidos hasta el día siguiente. Nunca hablamos de nuestro hijo: fue como si jamás hubiera existido. No fue difícil recuperar mi puesto en el Banco, ni volver a la vida que había tenido antes del nacimiento de mi hijo. Todo era igual que antes.

Este es el testimonio último de único hijo que tuve y del que apenas recuerdo algunas cosas. No recuerdo su nombre, ni su cara, ni el color de sus ojos. ¿Casi un sueño? Casi algo verdadero. Mi hijo fue llevado por alguno de los riachuelos que formó la lluvia aquella noche, cayó dentro de alguna alcantarilla y habría sido transportado por la corriente hasta la mar, donde se hubiera alimentado de sales y algas hasta alcanzar el tamaño justo para poder elevarse junto al agua evaporada por el sol. Después, formaría parte de alguna nube que cualquier día gris descargaría sobre St. Stephen Green. Con suerte, caería sobre tierra fértil y quizá entonces, comenzaría a florecer, a crecer, esta vez como un hijo verdadero, no carne sólo de mi carne, sino como un diente de león o un morronguillo. Quién sabe, puede que en ése momento lo encuentre y lo reconozca, y puede que pueda darle entonces un nombre.

Mi hijo, parte I/II

Desde que estoy en Francia he guardado cautelosamente en secreto algo que me ocurrió durante el último año que viví en Dublín. Fue un acontecimiento a la vez extraño y doloroso, ahora apenas casi lo recuerdo, pero quiero, sin embargo, realizar el esfuerzo para que no quede relegado sin más a una oscura región de mi alma y aparezca súbitamente, de vez en cuando, en un mal sueño que me despierte en mitad de la noche sumido en un terror inexplicable.

En Irlanda fui padre durante unos tres meses. Los nueve meses de embarazo, la alegría por nuestro nuevo hijo, la visitas al médico de cabecera, la dieta escrupulosa… De eso, tengo pocos recuerdos. Sólo sé que un día de junio tuvimos que salir de casa hacia el hospital para que mi chica diese a luz. El parto presentó ciertas complicaciones ella, aunque no para nuestro bebé: una infección en la sutura. Los médicos aconsejaron que se quedara un par de semanas en observación. Mientras, yo había pedido la baja por paternidad en el Banco y me llevé nuestro bebé a casa. Mi chica y yo habíamos llevado el embarazo en secreto, ni siquiera nuestros amigos más cercanos o nuestros familiares supieron en ningún momento que íbamos a ser padres.

Cuidar del bebé no resultó, en contra de lo que hubiera podido pensar, una tarea especialmente dura. De alguna manera mi hijo y yo habíamos sincronizado nuestras horas de sueño y comidas. Por las tardes, especialmente si no llovía, salíamos a pasear por St. Stephen’s Green. Puesto que no habíamos comprado ningún carrito para el niño, llevaba al bebé en mi regazo, resguardado dentro de un grueso jersey de lana al que había cosido una bolsa en su interior, a la manera de los canguros, con lo cual mi hijo podía asomar su cabecita a la altura de mi pecho y poder ver cuanto yo veía.

La infección de mi chica presentó nuevas complicaciones conforme pasaron las semanas, así que el doctor recomendó que permaneciera indefinidamente en el hospital hasta que la herida fuese curada por completo. Debido a lo prolongado de la situación me vi en la necesidad de abandonar mi puesto de trabajo, decisión que no me costó tomar puesto que era algo que llevaba deseando desde hacía algún tiempo.

A pesar de ser un bebé sano y bien alimentado, había algo extraño en él que los pediatras no supieron o no quisieron explicarme. A partir de su primer mes de vida tuve la impresión de que mi hijo menguaba. “Es natural preocuparse, sobre todo cuando es el primero“, me decía el doctor mientras me daba palmadas en el hombro. Sin embargo, conforme pasaban los días, mi hijo se hacía cada vez más y más pequeño, hasta el punto en que tuve que descoser la bolsa del jersey de lana y volverlo a coser a una altura diferente para que mi hijo pudiera asomarse al mundo durante nuestros paseos.

(Continuará…)

Cat Stevens – Father and son.mp3

El límite de las Cien páginas

Debo ser idiota, puesto que me pregunto si existe en este planeta alguien a quien Los detectives salvajes de Roberto Bolaño le resulte aburrido, como pueden resultar aburridos el Ulises, la Muerte de Virgilio o El Castillo. No digo malo o pedante o forzado o de un humor enrarecido; sólo aburrido. La historia de dos poetas en busca de otra poeta. Bien. Hasta donde he podido llegar (página 100 en Anagrama y no puedo más, lo juro) hay un par de escenas de sexo, putas, miles de referencias a poetas conocidos y desconocidos y gente fumando marihuana. Poca chicha en cien páginas: un poeta novel que se une a un esperpéntico grupo de poetas donde hay dos tipos difusos, que más adelante se revelarán como los detectives salvajes. Se introduce en el mundillo literario y empieza a follarse a hijas de magnates o algo así. Oh, sí, espera, es un homenaje a algo o alguien. Hum. No, soy yo, sin duda.

Así que me surge la duda: ¿tiro el libro y robo el siguiente o continúo? Busco por internet por encontrar una opinión más opinada que me ilummine y me encuentro con esto:

Descubrir una transformación discursiva entre los lenguajes de demolición que constituyen esta novela significa indagar una situación social e histórica sin definición; se trata de un proceso progresivo que desmantela el pasado literario, aún cercano y lo envía a la papelera de reciclaje […] Es aquí donde la dialéctica narrativa (sic) de Los detectives salvajes rompe las trabas del ser humano y se redime por lo atrevido de la propuesta con un discurso donde las imágenes literarias se mueven para construir un nuevo saber, el de la caducidad.

Artículo

Que en lenguaje de la calle quiere decir: la novela trata sobre una historia.
No me convence. Vayamos al lado yankee, donde parece que hay menos mamoneo. (Traducción a la ligera)

Until recently there was even something a little Masonic about the way Bolaño’s name was passed along between readers in this country.
Bolaño era hasta hace poco un genio sólo para los elegidos.
[…]
He places us there, in Mexico City, and reminds us of the excitement and boredom, the literary pretentiousness and ignorance, the erotic ambition and anxiety of being a young writer or reader in the company of like-minded friends. The juvenile diarist who is our guide can write things that made this reader, at least, wince in painful recognition: “Depressed all day, but writing and reading like a steam engine.”
Nos sitúa en México D.F., y nos hace recordar la diversión y el aburrimiento, la pretenciosidad literaria y la ignorancia, la ambición erótica y la ansiedad del escritor joven entre colegas del mismo espíritu”
[…]
We are 120 pages in, and suddenly the book alters its form. The next 400 pages feature first-person interviews with scores of witnesses, friends, lovers, acquaintances and enemies of Lima and Belano.
Después de las primeras 120 páginas, el libro altera su forma. Las siguientes 400 son entrevistas con amigos, testigos, amantes, enemigos, etcétera de Lima y Belano.

The New York Times

No puede ser. ¿Me paré demasiado pronto? ¿Me resultó la historia demasiado conocida, demasiado acorde con la realidad literaria hispanófona como para no entusiasmarme? Si aguanto otras 20 páginas, ¿tendré que escribir un nuevo post rebatiéndome a mí mismo? Me niego. Nada, nada, yo acudo a mis amigos los franceses, esos sí que saben de verdad.

La partie centrale (et principale) de ce livre choral retrace ensuite les aventures de ces deux clochards célestes à travers le monde, et cela sur une période de 20 ans.
La parte central y principal de este libro coral traza las aventuras por el mundo de los estos dos clochards y esto por un período de 20 años.

Le petit bulletin

Así que sólo me queda decir: mierda. Tengo que aprender otra lengua para encontrar a alguien que esté de acuerdo conmigo. Sostenella y no enmendalla, como Julio César Álamo, el poeta viscerrealista de la novela de Bolaño, Los detectives salvajes que criticaba o alababa los poemas de los alumnos de su taller según el humor del que estuviera, que odiaba a Octavio Paz y que expulsó a media clase porque le tacharon de ignorante.

Habrá que seguir leyendo.

Sanseverino – Il suffirait de presque rien
Found at skreemr.com

Foto de Los días de la semana y otros fragmentos

Somos lo que nos dicen. Escribir es un acto de traducción del mundo y el escritor está, a un mismo tiempo, en una posición privilegiada y maldita, puesto que él forma también parte de ese mundo, y él también es escrito.

Sobretodo por el rollo de juntarse de vez en cuando y criticarse los textos q eso molaba mientras tomabamos cafe y bollo, etc…

Cuanto menos trabajo mas pienso, cuanto mas pienso, mas me doy cuenta que los irlandeses y yo (al menos en el trabajo) no hacemos migas, parecen chicos buenos que me matan de aburrimiento. Parece que vengan al trabajo, porque les pilla de paso.

Aún así, cada vez que hablamos por teléfono, siento que hay un nexo, que igual antes ni existía. Y te cuelgo con una sonrisa.

L’autre jour, je n’avais pas fini de répondre à ton mail : dans le recueil de Borges, “el libro de arena” est la nouvelle que je préfère. Elle m’interesse car elle parle de l’infini et des livres.

I have a moral dilemma. Maybe you could give me an advice, something. There is this guy in our anime-club. He is 20 and he never been to our weekly meetings.

Con decirte q me he bebido 2 cervezas en 2 meses…. ya ni bebo, ni fumo, ni tomo drogas, por supuesto. Pero soy feliz comiendo bolitas de gusanito y paseando por el retiro, en serio.

Vale, cuenta conmigo. Si al final lo del teatro no sale y localizas a alguien para tomar algo también bien. Te doy mi teléfono ya por si acaso, para estar en contacto.

No creo que vaya… Ahora estoy en Dublin y ya tengo alojamiento… No te
preocupes… No quiero interferir en tu vida.

Raul que te quiero mucho y te hecho mucho de menos hasta tal punto que antes que pasara lo de la aabuela, papa me queria sacar un billete para ir a verte, pero ya sabes como funciona lo de esta” familia mia” por llamarlos de alguna manera porque mi familia es menos extensa de lo que ellos se creen, menos mal que la maribel esta dando un poco el callo, pero bueno ya te contare , como la abuela dice que se viene pues lo tengo jodido para verte hasta septiembre.

(Un regalo a quien me consiga el MP3 de abajo enterito).

P. P. Arnold – Something Beautiful Happened
Found at skreemr.com

Actualización (gracias a Juan):

Cuando me paso de listo.

Giacometti por igual niega la inercia de la materia y la inercia de su nada pura; el vacío es lo pleno, flujo desplegado; lo pleno en el vacío orientado. Lo real fulgura.

Para ser honestos, esta afirmación no me diría absolutamente nada de no saber a priori quién habla y de quién se habla: Jean-Paul Sartre sobre Alberto Giacometti, escultor cuya obra expone el Pompidou de París y que he tenido la fortuna de visitar este fin de semana.

No me diría nada porque, en primer lugar, la cita está inserta en el discurso sartreano al que, por norma, soy a un mismo tiempo ignaro e inmune – el vacío es lo pleno me resulta un oxímoron demasiado new age, demasiado tao-, y por tanto hay que saber bien a dónde apunta cuando habla de materia, nada o vacío. Por otro, no añade gran cosa a la ya de por sí difícil obra de Giacometti.

Y en segundo lugar porque ya me había formado una opinión de la obra de Giacometti, y por consiguiente, un prejuicio del que no quiero abdicar tan prontamente. Las famosas figuras de Giacometti me impresionan porque están desprovistas de todo lo que las puede hacer humanas: ausencia de carne, rigidez extrema, falta de movimiento o impostura del mismo, expresiones borradas, es decir, un fantasma del cuerpo, una huella débil del hombre, espíritus o almas apenas recubiertos con una película de bronce o de barro. Y, sin embargo, se sabe, se siente que son figuras humana (recuerdan demasiado quizá a los modelos de fotografías de las hambrunas, ya sean del primer mundo, ya sean del tercero): puede que sean nada, pero son, existen.

Tal como en el oxímoron taoísta de Sartre.

(Ay).

The Charlatans – You’re so pretty.mp3